- CXXIII - Si para que yo sienta cuánto fuego abrasa vuestro pecho a la luz pura, y a los rayos de eterna hermosura queréis que llegue deslumbrado luego, no me digáis que mire con sosiego su resplandor y su gentil figura; mas que huya su ardor, si la ventura puede librarme ya encendido y ciego. ¿Qué maravilla es que en viva llama os consumáis, teniendo el sol presente, y siendo vos a su calor de cera? Conoce el mal ajeno quien bien ama, y mi pasión en su presencia siente la fuerza de la vuestra más entera.