- CLXV - Ardió en las llamas de Eta Alcides fiero, que desdeñó el valor nunca vencido de su inmortal espíritu encendido, quedar mortal, sujeto al común fuero; tal yo, que en la serena lumbre muero de mi Estrella inflamado, aunque el perdido dolor me trae mísero, rendido, eterno en su rigor vivir espero; mas ¡cuánto desigual es nuestra suerte! que el veneno acabó su fuerte pecho, y del error nació su grande gloria; pero mi luz no se preció en mi muerte, y yo en sus rayos vivo, incendio hecho; perpetua ofrezco al tiempo esta memoria.