- LII - ¿Por qué renuevas este encendimiento, tirano Amor, en mi herido pecho, que ya casi olvidado del mal hecho vivía en soledad de mi tormento? Cuando más descuidado y más contento revuelves a meterme en tanto estrecho, oblígasme, cruel, que a mi despecho procure contrastar tu fiero intento. Las armas, en el templo ya colgadas, visto y el acerado escudo embrazo y en mi venganza salgo a la batalla. Mas ¡ay! que a las saetas, que templadas en la luz de mi Estrella están, y al brazo tuyo no pude resistir la malla.