- LXVI - Fiero dolor, que el corazón cuitado tanto afliges y cansas; dolor fiero, que por templar mi mal con honra quiero llamar sólo dolor desesperado; pues al extremo a tu rigor llegado, y del amor ningún remedio espero, acaba ya mi vida, o, pues no muero, acábese contigo mi cuidado. Porque si del furor de mi tormento puedo alentar, ya nunca más victoria daré de mí al autor de tu crudeza; y el horror de la pena y mal que siento quedará siempre vivo en mi memoria, para huir contino tu dureza.