- XCVIII - A un amigo Rompió la prora en dura roca abierta mi frágil nave, que con viento lleno veloz cortaba el piélago sereno y a pena escapo de la muerte cierta. Afirme el pie yo en tierra, que la incierta onda del mar no me tendrá en su seno, ni de mí me podrá traer ajeno vana esperanza de salud desierta. Si la sombra del daño padecido puede mover, Filipo, vuestro pecho, huid surcar del Ponto la llanura, y creed que en el golfo de Cupido ninguno navegó, que al fin, deshecho, no se perdiese falto de ventura.