- CXXVIII - ¡Oh breve don de tu agradable engaño, dulce mal del contento aborrecido, cuán presto pierdes el color florido y muestras los despojos de tu daño! El oro vuelto en plata un blanco paño cubre, y el color vivo y encendido de los ojos, sin fuerza ya y perdido, de tu vencido orgullo es desengaño. Acabas y tu dura tiranía. Y al fin, si acabas, mueres con victoria de nuestro error en devaneo tanto. Mas quien por ti se olvida y desvaría del camino, perece sin memoria con mayor culpa en su perpetuo llanto.