- CLIII - Cubre en oscuro cerco y sombra fría del cielo puro el resplandor sereno la húmeda noche, y yo, de dolor lleno, lloro mi bien perdido y mi alegría. Ningún alivio en la miseria mía hallo, de ningún mal estoy ajeno; cuanto en la confusión nublosa peno padezco en la rosada luz del día. En otro nuevo Caúcaso enclavado, mi cuidado mortal y mi deseo el corazón me comen renovado, do no pudiera el sucesor de Alceo librarme del tormento, no cansado, que excede al del antiguo Prometeo.