- CXLI - Cuando pienso, cansado del tormento, que con mi afrenta Amor herirme pudo de una serena luz con rayo agudo, y que rendí el valor y entendimiento, vuelvo triste a mirar mi perdimiento; mas tan solo me hallo y tan desnudo de fuerza, que romper el débil nudo que me enlazó el deseo nunca intento. Seguir el mismo curso en el cerrado laberinto, y sufrir ya más denuesto no debo si en mí queda algún sentido. Acabe el vano error de mi cuidado; pero ¿qué digo, simple? Yo protesto que hablo enajenado y ofendido.