- CXXII - Si en mano del Amor yo puse el freno de esta mi voluntad, no bien sujeta, ¿De qué me espanto pues que se prometa traerme tan rendido y siempre ajeno? Tarde llego al remedio; que el veneno cruel destempla el pecho con secreta virtud; no es justo ya en edad perfecta andar lleno de afán, de afrenta lleno. Pueda abrir la razón la niebla oscura, y ose romper por esta selva espesa, que mil buenos deseos embaraza. Dura resolución, mas bien segura; que quien teme el trabajo, y lento cesa, el premio de la gloria en vano abraza.