- LV - Céfiro renovó en mi tierno pecho floridas ramas de esperanza cierta, a mansa pluvia, a sol temprano abierta, y todo se mostraba en mi provecho. Cuando de hielo un crudo soplo hecho de aquella parte de calor desierta, abate en tierra mi esperanza muerta, y el trabajo en un punto, fue deshecho. Quedó en el mismo puesto el hielo frío, que con el fuego en mi dolor contiende, y vence alguna vez, otra es vencido. De allí siempre temí en el pecho mío la nieve, que aunque el fuego me defiende, medroso estoy del daño recibido.