- XCVII - Aquel sagrado ardor que resplandece en la belleza de la Aurora mía, mi espíritu moviendo, al pecho envía la pura imagen que en mi alma crece. En ella está fijada, y de allí ofrece al pecho su valor en compañía, y de sí misma efectos altos cría, con que mi ingenio y nombre se engrandece. Vuelo tan alto, que con rayo fiero o con ardiente sol fuera impedido si no me diera aliento mi Luz pura; mas, ya que muero como siempre espero, ni en mar seré ni en río sumergido; que el mundo me será la sepultura.