- LXVIII - Amor, ¿para qué vale el sufrimiento en su pecho enseñado a tanta gloria, si es todo lo que guarda la memoria causa de afán al alma, y de tormento? Porque no pierde triste el flaco aliento quien perdió, y no en su culpa, la victoria, y de su dulce bien la alegre historia vio trocar en eterno sentimiento. ¿Por qué se esfuerza en vano mi esperanza, y ajeno en luenga ausencia de mi suerte, me sostiene en dolor y llanto fiero? Harto es al que padece en tal mudanza poder honrar su vida con la muerte, que lentamente llega al fin postrero.