- XLV - Hurtadas glorias de esperanza incierta, vanos efectos, días mal gastados dieron triste principio a mis cuidados y ocasión a mis lástimas abierta. De mi favor y mi alegría cierta los pasos fueron súbito cortados, y fueron mis dolores renovados con la memoria de mi gloria muerta. Ahora queda inútil esperanza, frío, calor, temor, suspiro y llanto, y sólo amor en mi engañada suerte. No deseo tornar en confianza; que no hay corazón que sufra tanto, ni aun bien que me defienda de la muerte.