- CXXXI - Canso la vida en esperar un día de fingido placer, huyen los años y nacen de ellos mil sabrosos daños que esfuerzan el error de mi porfía. Los pasos por do voy a mi alegría tan desusados son y tan extraños que al fin van a acabarse en mis engaños y de ellos vuelvo a comenzar la vía. Descubro en el principio otra esperanza si no mayor, igual a la pasada y en el mismo deseo persevero; mas luego torno a la común mudanza de la suerte en mi daño conjurada, y esperando contino desespero.