- LXII - Amor, en un incendio no acabado ardí del fuego tuyo, en la florida sazón y alegre de mi dulce vida, todo en tu viva imagen trasformado. Y ahora, oh vano error, en este estado, no con llama en cenizas escondida, mas descubierta, clara y encendida, pierdo en ti lo mejor de mi cuidado. No más, baste, cruel, ya en tantos años rendido haber al yugo al cuello yerto, y haber visto en el fin tu desvarío. Abra la luz la niebla a tus engaños, antes que el lazo rompa el tiempo y muerto sea el fuego del tardo hielo mío.