- XLVII - Llevarme puede bien la suerte mía al destemplado cerco y fuego ardiente de la abrasada Libia, o do se siente casi perpetua sombra y noche fría, que en la niebla tendré lumbre del día, templanza en el calor, aunque esté ausente de vos, mi bien, y Amor, siempre inclemente, me niegue la esperanza de alegría. Y no podrá mi áspero tormento, y el inmenso dolor, que temo tanto, turbarme un solo punto de mi gloria; que en medio de mi grave sentimiento, de mi hielo y mi llama, alegre, canto de mi dichoso mal la rica historia.