- CXXIV - Fue gloria de mi alto pensamiento osar y ver vuestra beldad serena, y de firmeza arder mi alma llena, desesperando el fin de su tormento. Si como mereció mi atrevimiento la honra y el valor de tanta pena, consintiera el cruel que me enajena no ofenderos el bien del mal que siento, pensara merecer con la fe mía nombre de vuestro; mas a tanta alteza la humilde mortal suerte no conviene. Mas, ya que no vos canse mi osadía, no pretendo consuelo a mi tristeza, sino que consintáis que por vos pene.