- XCVI - Esta rota y cansada pesadumbre, osada muestra de soberbios pechos; estos quebrantos arcos y deshechos y abierto cerco de espantosa cumbre, descubren a la ruda muchedumbre su error ciego y sus términos estrechos, y sólo yo en mis grandes males hechos nunca sé abrir los ojos a la lumbre. Pienso que mi esperanza ha fabricado edificio más firme, y aunque veo que se derriba, siga al fin mi engaño. ¿De qué sirve el juicio a un obstinado, que la razón oprime en el deseo de ver su error y padecer más daño?