- LXXIV - Si algo puedo cuidar que vos ofenda, muera en ausencia vuestra perseguido, y en ciego engaño y confusión perdido, a remediar mi daño nunca atienda; y jamás la esperanza me defienda de ese injusto desdén y tibio olvido; y cuando más me importe ser oído, tarde la voz de mi dolor se entienda. Pero si no da entrada el pensamiento a cosa que no sea vuestra gloria, y de cuanto es ajeno se desvía, ¿por qué negáis, ingrata a mi tormento, que se ufane mi mal con la memoria de ser la causa vos, Estrella mía?