- LXXXVII - Dulces halagos, tierno sentimiento regalos blandos y amoroso engaño, que a un rudo pecho y del Amor extraño fuiste grave ocasión de su tormento, ¿qué dura fuerza y grande movimiento os deshizo y mostró el cubierto daño? ¿Por qué no me consuela el desengaño ya que me ofende ver mi perdimiento? No me distes herida tan liviana que a lo íntimo del alma no tocase, quedando en ella eternamente abierta. Faltaste porque nunca yo alcanzase del bien que tuve en esperanza vana segura una hora de alegría cierta.