- XLVIII - Aquí yo vi el luciente y puro velo por los hermosos hombros esparcido, que se puso en mi cuello, y sacudido a la aura, el oro retocó en su vuelo. Cual baja el bello Amor del alto cielo con crispante esplendor esclarecido, tal mi Luz pareció con encendido vigor, que hace ilustre y rico el suelo. Mis ojos, que gozaron esta gloria, son dichosos, y guardan la alegría para el dolor que el alma presa siente. ¡Oh qué dulce holganza a la memoria, dulce bien y regalo de aquel día, que siempre alabo en soledad ausente!