- CXXXVIII - Suave Filomena, que tu llanto descubres al sereno y limpio cielo, si lamentaras tú mi desconsuelo o si tuviera yo tu dulce canto, yo prometiera a mis trabajos tanto que esperara al dolor algún consuelo y se moviera de amoroso celo los bellos ojos cuya lumbre canto. Mas tú con la voz dulce y armonía cantas tu afrenta y bárbaros despojos; yo lloro mayor daño en son quejoso. ¡Oh, haga el cielo que en la pena mía tu voz suene o yo cante mis enojos, vuelto en ti, ruiseñor, blando y lloroso!