- LXXXVI - En esta selva hórrida y desierta, que tiene en temor triste el viento airado, contemplo, en mis desdichas obstinado, mi peligroso estado y vida incierta. Hallo del impío amor la senda abierta, que descubrió el principio a mi cuidado; espacio luengo veo y no tratado, salud siempre difícil, muerte cierta. No veo árbol ramoso ni desnudo que no sea mi bella fiera, y siento cuajárseme la sangre al pecho fría. ¡Dichoso quien su miedo venció, y pudo contrastar su pasión! Mas el tormento que sufro no se rinde a mi porfía.