- XCVII - Bárbara Tierra, que en tu frío seno cubres los grandes cuerpos derribados de aquellos españoles, que, domados, dejaron de terror el orbe lleno, mira en los altos troncos el ajeno trofeo y gime viendo allí colgados los despojos, jamás nunca esperados en tanto honor del impío sarraceno. Y tú, Mar, que manchaste tu corriente con generosa sangre, suena airado, y decid ambos, tristes, de esta suerte: Heroicas almas, gloria de Occidente, id dichosas, que ya el acerbo hado lloró España, honró el mundo vuestra muerte.