- XCIII - Huyo aprisa, medroso, el horror frío y la aspereza y aterido invierno, y la aura espero de Favonio tierno contra su fuerza y el seco estío. Mas, Herrera, en el grave estado mío me ofende el prevenir y al fin dicierno Céfiro breve y Aquilón eterno y siempre en un error por mal porfío. Al cabo habrá de ser que el destemplado estío acabe en fuego o en tanta nieve rígido invierno el pecho endurecido. Vos que en sosiego, si de amor cansado, estáis, o si pasión presente os mueve, tened dolor de verme tan perdido.