- LXXXIII - Trenzas que en la serena y limpia frente de anillos de oro crespo coronadas formáis lucientes vueltas y lazadas, donde el mayor Vulcano espira ardiente, el Sol, o que aparezca en Oriente con las puntas de llamas dilatadas, o que las junte, de subir cansadas, se rinde a vuestra luz resplandeciente. Vos, mis hermosos cercos, anudado tenéis mi cuello, y nunca espero el día, principio a libertad, fin a la pena. Porque alegre en el mal de mi cuidado, de la prisión huir no pienso mía; ni los lazos romper de esta cadena.