- XLVI - Sólo de unos honestos dulces ojos tengo lleno mi alto pensamiento; sólo de una belleza cuido y siento, que da justa ocasión a mis enojos; sólo me prende un lazo, que en manojos de oro esparce el amor al manso viento; sólo de una grandeza mi tormento procede, que enriquece mis despojos. No escucho otra voz ni amo, y no me acuerdo de otra gracia jamás, ni espero y veo otro valor igual en mortal velo; si no fuese saber que ausente pierdo la gloria que se debe a mi deseo, nunca más bien de amor me diese el cielo.