- LXXIII - Fría ceniza de mi ardiente fuego, y rotas hebras de mal firme nudo que me enlazó, de cuitas ya desnudo, vos miro alegre y libre en mi sosiego. No es este el tiempo, no, en que anduve ciego, ni la ocasión que así perderme pudo; que contra el mal embraza el fuerte escudo razón, y el feudo antiguo ya vos niego. La luz pura, en mi oscura niebla abierta, me descubre el error que proseguía, y lleva osando por el paso estrecho. Muerto el deseo, y la esperanza muerta, y sin fuerza vosotros, ¿qué porfía vos mueve a molestar mi duro pecho?