- CIII - Así perturbe pluvia nunca o viento tus bellas ondas, sacro hesperio río, y a tu nombre se incline el Ebro frío, y el Tebro, el Nilo, el Istro violento; si a piedad te mueve mi tormento, do siempre muero y sin temor porfío, ausente entre mil males del bien mío, sin que pueda aun valerme el pensamiento, en estos troncos guarda mi cuidado, y en estas peñas mi gemido y pena tus naides suenen con lloroso canto; que nadie habrá que habiendo aquí aportado, lea mi mal, y con la faz serena pase, y no bañe el rostro en tierno llanto.