-CLXX- ¿Nací yo por ventura destinado al amoroso engaño, y ofrecido en mi ofensa a desdén, a ingrato olvido, sujeto siempre a miserable estado? Rompa la aguda espada el implicado nudo, pues de mi industria nunca ha sido suelto por mi dolor, que en mal perdido el más cruel dolor es acertado. Cuelguen de este alto roble los despojos de mi penoso error, y la que incierto me sostuvo esperanza a un tiempo, muera; que ya no doy lugar a bellos ojos ni a dulce risa y habla lisonjera; y en él se escriba: «Amor quedó aquí muerto».