- XCII - Hacer no puede ausencia que presente no os vea yo, mi Estrella, en cualquier hora, que cuando sale la purpúrea aurora en su rosada falda estáis luciente. Y cuando el sol alumbra el Oriente en su dorada imagen os colora, y en sus rayos parecen a deshora rutilar los cabellos y la frente. Cuando ilustra el bellísimo lucero el orbe, entre los brazos puros veo de Venus encenderse esta belleza. Allí os hallo, allí suspiro y muero, mas vos, siempre enemiga a mi deseo, os mostráis sin dolor a mi tristeza.