- LXXII - Por estrecho camino, al sol abierto de espinas y de abrojos mal sembrado, al tardo paso muevo, y voy cansado a do cierra la vuelta el mar incierto. Silencio triste habita este desierto, y el mal que hay me importa ser callado; cuando acaballo cuido, acrecentado veo el sendero y veo el daño cierto. A un lado empina yerto inmensa cumbre el monte hórrido, opuesto al alto cielo; corta un despeñadero la otra parte. Crecer la sombra y anublar la lumbre siento, y no hallo, solo en mi recelo, a do pueda valerme alguna parte.