- CXXXV - Alzo ligeras alas al deseo, sigo el bello esplendor de mi alegría, hállolo reluciente en la osa fría, y desespero el bien que más deseo. Suspenso en un incierto devaneo, que mi esperanza cansa y mi porfía, digo: «¿Por qué, serena Lumbre mía, leda en estéril parte arder vos veo? Llevar debía el céfiro victoria. Siempre de vuestra llama esclarecido, al euro ufano, que con él contiende: mas ¡oh! que el cielo causa mi gemido por honrar gente indigna de memoria. Que el sol con tibio rayo apena enciende».