- CXLIII - Pura, bella, suave, estrella mía, que, sin que os dañe oscuridad profana, vestís de luz serena la mañana y la tierra encendéis, desnuda y fría. Pues vos, por quien suspiros mil envía mi alma, cual castísima Diana, movéis la empresa vuestra soberana contra Venus y Amor con osadía, yo seré como aquel, que su belleza con hierro amancilló y el casto hecho lo mostró con más gloria y hermosura, pero tendré de Ladmo la aspereza, si Luna sois, del cazador el pecho, y no del que honró Arcadia la figura.