- CLXXI - Mi bien, que tardo fue a llegar, en vuelo pasó, cual rota niebla por el viento, y creció siempre horrible mi tormento después que me cercó el temor y el hielo. Alzaba mi esperanza al alto cielo; pero en el comenzado movimiento cayó muerta, y llorando sin aliento, me lastimo, desierto en este suelo, donde, pagado sólo de mi llanto, huyo aun livianas muestras de alegría, ausente, aborrecido y olvidado. Triste memoria indina esfuerza el canto, y quejoso en la instante pena mía descanso cuando gimo más cuidado.