- CXLVI - Dulce fuego de Amor, dulce la pena y dulce de mi daño es la memoria, cuando renueva Amor la antigua historia, que a su grave tormento me condena. Mas cuando hallo mi esperanza llena del bien y de promesas de victoria, un súbito dolor turbia mi gloria y todos mis contentos desordena: que será esta luz pura de belleza, la fe del justo Amor, en poca tierra vuelta, y el fuego muerto, que me inflama. ¡Oh vano ardor de la mortal flaqueza, si el fin, que ofrece paz de tanta guerra, no dejará aun ceniza de mi llama!