- CXLIX - Tras la bermeja Aurora el Sol dorado por las puertas salía del Oriente, ella de flores la rosada frente, él de encendidos rayos coronado. Sembraban su contento o su cuidado, cual con voz dulce, cual con voz doliente, las tiernas aves con la luz presente en el fresco aire y en el verde prado. Cuando salió bastante a dar Leonora cuerpo a los vientos y a las piedras alma, cantando de su rico albergue, y luego ni oí las aves más, ni vi la Aurora; porque al salir, o todo quedó en calma, o yo (que es lo más cierto) sordo y ciego.