- CXXVI - Podrá (y no yerro) nunca luz ardiente tocar mi pecho, y nunca ser vencido de oro podrá, en madejas esparcido, con gloria de otra ilustre y bella frente; que vuestra luz, do yace Amor presente, tiene, y el rico cerco recogido, mi cuello y pecho preso y mal herido, y dulcemente el yugo y fuego siente. Nací yo destinado a vuestra llama, amor me dio valor para mi muerte, y pago, amando a vos, la deuda nuestra. Volando voy do el ciego ardor me inflama, cual va a su fuerza el cielo, y es mi suerte en vuestro fuego arder, y helaros vuestra.