- LXX - Cuando el dolor desmaya al sufrimiento, estoy de todo bien desamparado, y sacudir del cuello quebrantado pruebo el yugo inmortal de mi tormento; mas, viendo el oro terso suelto al viento, o entre sortijas bellas enlazado, vuelvo alegre de nuevo a mi cuidado; ¡tal dulce me es por él el mal que siento! Al ardiente crispar de dulces ojos del tierno y puro amor hermosa llama, descubro sin temor el pecho abierto. Mal puedo yo negarle mis despojos si blanda enciende y áspera me inflama, y con el mal y el bien me tiene incierto.