- LXXXIX - Yo bien pensaba, cuando el desdén justo refrió en duro hielo el fuego ardiente del corazón, y con osada frente se opuso contra Amor fiero y robusto, que no bastara a derribarme el gusto ni a torcerme el intento otro accidente, que ya me conocía diferente y libre de un tirano tan injusto. Mas al primer sonido del asalto desamparo la fuerza y el escudo rindo y armas, temblando antes del hecho. Bien sé que en lo que debo a la honra falto, mas el temor, que de ella está desnudo, y otra fuerza mayor vencen mi pecho.