- LIII - ¿Quién rompe mi reposo? ¿Quién desata el dulce sueño al corazón cansado? ¿Quién despierta el temor de mi cuidado? ¿Quién mi sosiego amado desbarata? La fuerza de mi afán, que me maltrata turbando mi descanso, y tan pagado estoy del mal, que en él, enajenado de lo más, el sentido se recata. Fuera yo a mi pasión no agradecido si no buscara extremos en la pena, como en la presunción de mi osadía. El bien de mi dolor tan bien sufrido es pensar que cuan fiero me condena tanto es mayor con él la gloria mía.