- LXXXIV - Aunque el dolor que la alma triste oprime no deja respirar al buen deseo, si tal vez descargado el peso veo, y el duro afán que menos me lastime, podrá ser, por ventura, que se estime mi canto igual con el del tracio Orfeo, y que el sacro furor del gran Timbreo en la celeste cumbre me sublime. Entonces, cuando ya vencida incline la envidia, entre los pocos que sostiene mostrará vuestro nombre la memoria; y allí el valor y el corazón insigne vuestro honrarán las musas de Hiprocrene, del hesperio león oh excelsa gloria.