- CXXIII - Grande fue, aunque infelice, tu osadía, que por guiar ¡oh hijo de Climene! El carro en que gobierna solo y tiene Febo el vivo esplendor que ilustra el día, del fiero rayo muerto en yerta vía, Eridano en sus ondas te sostiene; gloriosos sepulcro, cual conviene a tu alto corazón y a tu porfía. Yo, que cuidé estrenar la pura lumbre, y de mi sol regir los cercos de oro, dichoso Automedón, con diestra suerte, caí, abierto el pecho, de la cumbre, y perdí, no la vida, el bien que lloro; que en tal mal fuera el bien hallarla muerte.