- CXXXV - El sátiro, que el fuego vio primero, de su vivo esplendor todo vencido, llegó a tocarlo, mas probó, encendido, que era, cuanto hermoso, ardiente y fiero. Yo, que la pura luz, do ardiendo muero, mísero vi, engañado y ofrecido a mi dolor, en llanto convertido acabar no pensé, como ya espero. Belleza y claridad antes no vista dieron principio al mal de mi deseo, dura pena y afán a un rudo pecho. Padezco el dulce engaño de la vista, mas si me pierdo con el bien que veo ¿cómo no estoy ceniza todo hecho?