- L - Pensoso vuelvo a la alma del pasado tiempo el dolor que tuve, y el presente, ya que razón alguna no consiente que en dulce error padezca enajenado. El cuello ya levanto deslazado, que la señal del yugo impresa siente; ¿cuál tuyo, oh impío Amor, grave accidente, digo, podrá mudar mi ufano estado? Yo sé bien cuánto duele una esperanza que huye y un temor que crece en pena, y cuán vano es el fin de mi deseo; mas deshaces, cruel, mi confianza simple, que a tus engaños me condena, y voy alegre al mal que temo y veo.