- LXXIV - Cuando rendía la arrogante frente el ya vencido reino lusitano, y de Filipo el brazo soberano ponía el freno estrecho al Occidente, con fiero influjo, con señal ardiente, que dio sospecha y dio temor no en vano, el cielo se llevo con dura mano la luz más pura de Austria y excelente; mas, de estrelladas hebras coronada, esculpió entre los astros su belleza, do alegre mira el rico hesperio suelo. ¡Cuánto puedes virtud, que arrebatada de esta humildad a la inmortal grandeza, eres amor, y eres honor del cielo!