- LXXXVIII - Al triste humor que mísero destilo, ¿cómo no falto? Cómo crece tanto en medio de la vena de mi llanto de ardientes ondas este eterno Nilo? La llama esfuerza mi lloroso hilo, las lágrimas mi fuego, porque cuanto templarlos pruebo, en mi dolor levanto de su concurso un mal mezclado estilo. No inundó mayor pluvia el duro suelo de la ancha tierra, ni Etna de su cumbre exhaló mayor llama sin sosiego. Deucalión y quien pensó del cielo regir incauto la perpetua lumbre, más agua aquí hallarán y más fuego.