- XCI - A Alfonso Ramírez de Arellano Sola y en alto mar, sin luz alguna, con tempestad sañosa yace y viento mi popa abierta, y no abre el negro asiento del cielo la confusa incierta luna. Esperanza, Arellano, ya ninguna procuro, ni se debe al pensamiento; fallecen fuerza y arte, y triste siento la muerte apresurárseme importuna. Pues el amor me olvida y cierra el puerto, y veo en las reliquias de mi nave que el ponto esparce y vuelve mis despojos, la veste y armas de este amante muerto colgad, que restan del naufragio grave, a la ara de mis bellos dulces ojos.