- LI - Las armas fieras cante el triste hado del soberbio Ilión, ceniza hecho el impío orgullo, el temerario pecho con saeta celeste atravesado; el mar nunca primero navegado, y duras peñas del concurso estrecho, de centauros el ímpetu deshecho, o Egeón con cien brazos indignado; quien en la Aonia selva ornó su frente, habitador de la Cirrea cumbre, para vencer la muerte con memoria; que yo sólo, si Amor tal bien consiente, mi pura Estrella, canto vuestra lumbre, que me afina en las llamas de su gloria.