- III - Pues de este luengo mal penando muero, sin que remedio alguno estorbe el daño, amor me dé, en consuelo de mi engaño, falso placer ajeno, aunque postrero; que mi dolor anime el duro acero, y en blanda saña el tibio desengaño, y el desdén manso, en cuya ausencia engaño mi perdición, y en vano el bien espero; para que de mi muerte la memoria, y en voluntad ingrata mi firmeza haga a la edad siguiente insigne historia, que de mis esperanzas y riqueza fincarán (¡corto premio a tanta gloria!) deseos acabados en tristeza.